Cómo conducir una sesión de terapia o de asesoramiento con muñecos. Las bases.

En este artículo te presentamos los fundamentos del trabajo con muñecos en una sesión de terapia. Empezaremos por explicar el concepto general de baile interhemisférico verbal-visual, seguiremos con la diferenciación entre la herramienta y el uso de ella en manos del profesional y terminaremos describiendo las diferentes fases de una sesión.

El baile entre lo verbal y la imagen

En Prisca Formación nuestra manera particular de entender y usar los muñecos para acompañar a personas y organizaciones se ha ido construyendo a través de la experiencia en nuestras consultas de psicoterapia: lo vivido, sentido y comprendido al escuchar lo que muchas personas, tanto niños como adultos, nos han contado a través de los muñecos.

Cuando hace unos cuantos años empezamos a impartir nuestra formación para otros profesionales, nos dimos cuenta de la necesidad de identificar, desglosar y ordenar conceptos que pudieran facilitar el aprendizaje de este lenguaje.

En realidad, es increíble constatar una y otra vez que la imagen interna que podemos representar con muñecos contiene toda la información todo el tiempo, tanto elementos del problema como de la solución.  La información está ahí, solo se trata de encontrar el modo de explorarla y leerla para salir de la historia parcial que nos contamos y poder integrar elementos que están presentes pero nos han pasado desapercibidos. Se trata de poder mirar una imagen detenidamente, con los detalles, de verle sus diversas caras, e ir encontrando pistas o puertas que nos ayudan. A veces, nos servirán para adentrarnos en nosotros y otras veces nos ayudarán a tomar la distancia necesaria para tener claridad y serenidad.

Con los muñecos podemos ir alternando información verbal secuencial racional -propia del hemisferio izquierdo- con información más intuitiva, emocional, artística y global -propia del hemisferio derecho- para ir identificando y ordenando parte de toda esta información, aquella información que nos sea relevante en un momento y una circunstancia determinados.

Este baile interhemisférico, como le llamamos metafóricamente, es extraordinariamente potente y a la vez simple de bailar con un poco de práctica y dejándose llevar por el ritmo conjunto que se establece en el vínculo terapéutico. Se trata de ver para identificar y de identificar para integrar, que es el objetivo de todo proceso terapéutico o de desarrollo personal u organizacional.

Profesionalidad y savoir faire

En este sentido, cuando trabajamos con una configuración sí hay ciertas reglas que desde nuestra experiencia es necesario conocer para que una sesión con muñecos sea de ayuda. Como en todo baile, hay un tiempo para observar de los que saben, otro para aprender los pasos básicos, otro para las piruetas y otro para el arte de dejarse llevar por la música. Los pasos serían la estructura metodológica y el baile sería el despliegue del arte que se hace posible en la confianza y respeto profundo entre cliente y profesional. La herramienta son los muñecos y la efectividad de la sesión se despliega sobre el ”savoir faire” de cada profesional, construido dentro de su marco teórico, su encuadre y su calidad personal.

No es la herramienta en sí lo que marca el tipo de intervención, sino el uso que le da el profesional.

En realidad, podemos utilizar los muñecos para muchos objetivos distintos, en contextos profesionales innumerables y a distintos niveles de profundidad. Por ejemplo, podemos sencillamente “echar un ojo” a una situación en una escuela o en empresa, o podemos usarlos para implantar un nuevo procedimiento en una organización, o para hacer un diagnóstico o evaluación de una situación, para preparar a alguien para una acción temida, para hacer una constelación o para hacer una intervención terapéutica en algún momento de un proceso de acompañamiento. Una vez aprendidos la gramática y el vocabulario del lenguaje, cada profesional decide si va a escribir un eslogan, tres frases, un poema o un ensayo.

Las fases de una sesión de trabajo con muñecos

En relación a lo estrictamente metodológico, y centrándonos en el ámbito psicoterapéutico, distinguimos cuatro fases en una sesión de muñecos: la presentación de la herramienta y configuración de la escena inicial, la exploración de la imagen, los movimientos de intervención y el cierre de la sesión. 

La presentación de la herramienta tiene que ver con explicar al cliente qué son los muñecos y para qué sirven, concretando también en qué sentido nos parece útil usarlos en la situación expresada por el cliente o paciente. Básicamente se trata de contarle que a través de los muñecos vamos a ver la situación y no solo a hablar de ella. También vamos a decirle qué elementos van a ser representados en el espacio delimitado (puede ser una mesa, pero es muy útil usar una madera giratoria), en función de la situación relatada. Es decir que le damos las indicaciones para la configuración de la imagen inicial. Será la propia persona quien elegirá y tocará los muñecos a partir de ahora, no el profesional.

De esta fase breve, cabe destacar la importancia de una cierta contención en la cantidad de muñecos: “menos es más”. Es altamente recomendable empezar usando pocos muñecos para que sea más fácil discriminar la información esencial relevante. Siempre estaremos a tiempo de añadir más muñecos si lo necesitamos. También aquí, durante la elección y la colocación inicial se empieza a dejar sentir el ritmo de hemisferio derecho propio de este trabajo: pausado, haciendo silencios mientras se observa, creando un clima distendido a la vez que íntimo.

La fase de exploración de la imagen inicial, sin mover ni añadir nada, es la clave del trabajo. Efectivamente, una buena definición del problema es más de la mitad de la solución. La exploración que proponemos es un trabajo conjunto entre cliente y terapeuta. El terapeuta, mediante preguntas abiertas y señalizaciones va ayudando al cliente a ampliar la historia que cuenta, facilitándole que pueda hablar de lo que él o ella ve en los muñecos, y enseñándole a jugar con lo que ve, que puede o no coincidir con la historia que cuenta.

Se trata de observar lo obvio, de abrir posibles significados a través de los muñecos, de buscar, en definitiva ampliar la visión de la escena que es, no lo olvidemos, la proyección que hace el cliente en los muñecos de una vivencia intrapsíquica.

En una tercera fase, tras dedicar habitualmente más de la mitad del tiempo a la exploración, sería la fase de intervención en la que podemos proponer algún movimiento en los muñecos para abrir un nuevo escenario. Aquí hay que ser especialmente cuidadosos, ya que los movimientos en la tabla (o mesa) deben respetar tanto el principio de realidad como el sentido de proceso.

Esto es, si los movimientos van en la línea de la fantasía, de lo que al cliente le gustaría que fuera o lo considera que “debería ser” sin respetar lo que “es” y sin reconocer qué está en su mano y qué no, podemos estar ahondando en la dinámica del problema, sea contribuyendo a la ilusión mágica, a la superstición o a la desresponsabilización.

Por otro lado, si el movimiento en la tabla no está en consonancia con la vida real del paciente por ser un movimiento que requiere mucho tiempo, la persona se desconectará internamente o se sentirá frustrada al salir de la sesión y ver que lo que ha pasado en la tabla no sucede en su vida real. Los muñecos, como el papel, lo sostienen todo, pero las psiques y cuerpos de las personas no.

Desde nuestro punto de vista es muy arriesgado permitir que el cliente (y mucho menos el terapeuta) mueva muñecos que representan a otras personas. Nosotros sólo dejamos que el cliente mueva el muñeco que le representa a él o ella y a muñecos de sus partes, emociones o roles internos. Tampoco sugerimos que el cliente hable en nombre de otros muñecos que representen a otras personas.

Como para todo en la vida, hay excepciones a la pauta de no hacer movimientos o diálogos con los muñecos de la escena. Pero no es este el lugar para profundizar en este aspecto, nos ocupamos de ello en otros contextos más ampliados de profundización, como por ejemplo en nuestras formaciones vivenciales.

De todos modos, sin mover muñecos, solo en la exploración, ya estamos facilitando el cambio. En sentido estricto, estamos haciendo intervención desde el momento en que ofrecemos la técnica y proponemos al cliente que configure una imagen. Podríamos decir que son diferentes tipos de intervención en cada fase. En la fase de exploración no movemos ningún elemento pero podemos facilitar el cambio de perspectiva. En el momento que decidimos proponer un movimiento, entramos en un nivel de intervención más intensa.

Finalmente, cuando detectamos que ha sido ya suficiente trabajo interno para una sesión (de nuevo, “menos es más”) podemos cerrar el trabajo teniendo precaución de recoger respetuosamente los muñecos. Debemos asegurarnos de que la persona pueda sentirse más orientada o conectada, aunque a veces puede ser muy útil dejar que se sienta más inquieta para que el trabajo interno siga su curso fuera de la sesión. Aquí la decisión debe sobre todo tener en cuenta que es lo que el o la cliente necesita en un momento dado y también si vamos a poder seguir acompañando posteriormente a esa persona o no.

Algunos entresijos de la fase de exploración

Es muy importante señalar que cuando exploramos con el o la cliente con la imagen inicial, su escena proyectada,  hablamos “de los muñecos”, en tercera persona. Es decir; “este muñeco, esta otra muñeca, etc.” en lugar de “tu, tu jefa”, etc.) Esto es así para que el paciente pueda rebajar barreras mentales y pueda lanzarse a explorar su imagen interna con mayor confianza.

Introducimos aquí el concepto de distancia de seguridad, un elemento básico en nuestro enfoque de la técnica de los muñecos que permite a la persona que consulta identificarse o desidentificarse de los muñecos según lo necesite para poder transitar una imagen ampliada de sí mismo y de la situación. El objetivo de la exploración es identificar primero y reenfocar o reformular después para ayudar al cliente a encontrar nuevos significados, siempre desde el profundo respeto del momento del proceso. Como terapeutas o asesores, ofrecemos, pero no imponemos. Es el terapeuta quien sigue al cliente, no al revés.

En esta exploración lo más habitual es que el cliente haga conexiones espontáneas, tanto desde la parte mental cognitiva como desde la parte emocional. Ahí el profesional se mantiene presente para contener y sostener, para aclarar o comprender o bien para acompañar el contacto emocional intenso, dependiendo del objetivo de la sesión, del encuadre y del vínculo.

A través de los muñecos podemos disminuir o aumentar la distancia de seguridad de diferentes maneras para entrar y salir de la conexión emocional, según sea lo que más ayude al cliente en un momento dado. Será la reacción corporal del cliente (además de lo que cuenta) la que ira guiando qué intervenciones ayudan y cuáles no.

Otro aspecto importante de la exploración es distinguir entre lo obvio, lo directamente observable en los muñecos, y las posibles interpretaciones de eso obvio. La gestión e hipótesis del terapeuta es uno de los pilares de nuestra manera de comprender este trabajo.

También la manera en que utilizamos el lenguaje, con preguntas, resignificaciones y reformulaciones, tiene un lugar especial. De algún modo, partimos siempre del lenguaje del cliente para ir tirando del hilo y zambullirnos con la persona que consulta en nuevos paisajes.

En cualquier caso, cualquier intervención que el profesional propone durante la sesión debe ser para por un lado atender su demanda y por otro ayudarle a verse a sí mismo en la situación objeto de consulta.

Por ello somos especialmente cautelosos, como hemos dicho más arriba, en hacer movimientos con los muñecos dentro de la sesión. Además de los ya mencionados principios de realidad y sentido de proceso, desde nuestra mirada humanista y sistémica, es necesario que cualquier movimiento respete tres principios sistémicos básicos, que a efectos didácticos hemos simplificado en tres verbos: integrar, ordenar y equilibrar. Eso es lo mismo que decir que debemos ayudar a completar la imagen que tiene el cliente, incluyendo cada vez más aspectos (lo doloroso, la sombra, lo excluido, etc.) de manera ordenada (cronológicamente) y equilibrada (costes y beneficios, incluidos los beneficios secundarios inconscientes o los costes no percibidos). A estos tres principios, añadimos el concepto de circularidad o multicausalidad, que no es más que la intuición de que cualquier cambio se produce por la interrelación de muchos elementos. Por tanto, mover un muñeco en la tabla no resuelve de la noche a la mañana una situación interrelacional o intrapsíquica conformada por muchos elementos vinculados entre sí.

Hay diferentes maneras de ver si estos principios sistémicos están presentes y de qué manera en las configuraciones de muñecos. También podemos intuir o ver, a veces rápidamente y otras a medida que avanza la exploración, qué intervenciones son las que pueden ayudar al cliente. Por otro lado, también existen diferentes ejercicios o formatos semiestructurados que podemos proponer a un cliente para trabajar específicamente alguno de estos principios cuando se detecta que hay mucho caos, desequilibrio o piezas que faltan en alguna situación.

Finalmente, pero no menos importante, durante la exploración de la escena de muñecos es imprescindible tener la mirada atenta, abrir la percepción a lo que el cuerpo del cliente va mostrando. Va a ser su expresión no verbal la que nos vaya indicando si estamos acompañando bien al cliente o por el contrario, hemos dejado atrás al explorador jefe del equipo y cada cual va por su lado. Dicho de otro modo, la reacción del cliente es la que nos indica el efecto de cualquiera de nuestras intervenciones durante la sesión.

Conclusiones, del método a la magia

Estas son algunas de las ideas principales de nuestro enfoque del trabajo con muñecos, pero aun habiendo desarrollado una metodología clara y estructurada en la que definimos lo que sí ayuda y lo que no en una sesión de muñecos, el desarrollo y la efectividad de una sesión depende de muchos otros factores: el ámbito profesional donde se aplique, el marco teórico de referencia del profesional, el encuadre de la sesión, la calidad del vínculo terapéutico (si estamos en contextos de terapia, obviamente), los recursos personales del consultante, etc.

Por ello antes de terminar este artículo, citamos aquí la misma advertencia que hacemos en el libro que recoge este trabajo “ningún manual de ninguna herramienta puede remplazar los conocimientos y actitud profesionales esenciales cuando acompañamos a otros a acercarse a sí mismos y a encontrar sus propios caminos. Sólo desde nuestro más profundo respeto a nuestros pacientes y alumnos, desde nuestra mirada abierta y de genuina curiosidad por lo humano, podrán los muñecos desplegar toda su magia”. “Cuéntalo con muñecos” (Ferre A., Octaedro, Barcelona 2020):

Anna Ferre, Febrero 2021

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